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    November 05

    aislamiento y capitulacion de Catalunya

    Situación política previa

    Carlos II El Hechizado
    Carlos II El Hechizado

    El último rey de España de la casa de Habsburgo, Carlos II el Hechizado, impotente y enfermizo, murió en 1700 sin dejar descendencia. Durante los años previos a la muerte de Carlos II, la cuestión de la sucesión a la corona española comenzó a pesar en la política internacional europea y se hizo evidente que España y su imperio constituía un trofeo tentador para las distintas monarquías europeas. Tanto Luis XIV de Francia como el emperador Leopoldo I estaban casados con infantas españolas hijas de Felipe IV, por lo que ambos alegaban derechos a la sucesión española (las madres de ambos eran hijas de Felipe III).

    A través de su madre, María Teresa de Austria, una hermana mayor de Carlos II, el Delfín, único hijo legítimo de Luis XIV, era el heredero más directo, pero era una elección problemática: como heredero también al trono francés, si reunía ambas coronas, hubiese significado, en la práctica, una anexión de España y su vasto imperio colonial por parte de Francia, en un momento en el que Francia era una potencia lo suficientemente fuerte como para poder imponerse como potencia hegemónica en Europa. Como consecuencia de ello, Inglaterra y Holanda veían con recelo las consecuencias que pudiera tener el que España y Francia quedasen unidas en la misma casa real y el peligro que para sus intereses pudiera suponer la emergencia de una potencia de tal orden. Los candidatos alternativos eran el emperador Leopoldo I de Austria, un primo hermano de Carlos II, y el Príncipe Elector José Fernando de Baviera. El primero de ellos también ofrecía problemas formidables, puesto que su elección como heredero hubiese reunido de nuevo el imperio Habsburgo del siglo XVI (deshecho por la división de la herencia de Carlos V entre Felipe II de España y Fernando de Austria). Por ello Francia temía que volviese a repetirse la situación de los tiempos de Carlos I de España, en la que el eje España-Austria aisló fatalmente a Francia. Aunque tanto Leopoldo como Luis estaban dispuestos a transferir sus pretensiones al trono a miembros más jóvenes de su familia (Luis al hijo más joven del Delfín de Francia, Felipe de Anjou, y Leopoldo a su hijo menor, el Archiduque Carlos de Austria) la elección del candidato bávaro parecía la opción menos amenazante para las potencias europeas. Como resultado, José Fernando de Baviera era la elección preferida por Inglaterra y Holanda.

    Francia e Inglaterra, inmersos en la guerra de la Gran Alianza, pactaron la aceptación de José Fernando de Baviera como heredero al trono español. Para evitar la formación de un bloque hispano-alemán que ahogara a Francia Luis XIV auspició el Primer Tratado de Partición, firmado en La Haya en 1698. Según este tratado, a José Fernando de Baviera se le adjudicaban los reinos peninsulares (exceptuando Guipúzcoa), Cerdeña, los Países Bajos españoles y las colonias americanas, quedando el resto de territorios para el Archiduque Carlos de Austria (el Milanesado) o bien para el Delfín de Francia (Nápoles, Sicilia y Toscana).

    El problema surgió cuando José Fernando de Baviera murió prematuramente en 1699 de varicela, lo que llevó al Segundo Tratado de Partición. Bajo tal acuerdo, el Archiduque Carlos era reconocido como heredero, pero dejando todos los territorios italianos de España a Francia. Mientras que Francia, Holanda e Inglaterra estaban satisfechos con el acuerdo, Austria no lo estaba y reclamaba la totalidad de la herencia española. Entonces Carlos II testó a favor de Felipe de Anjou, si bien, estableciendo una cláusula por la que Felipe tenía que renunciar a la sucesión de Francia. Los consejeros de Carlos II le habían inducido a este testamento pensando como prioridad principal en la conservación de la unidad de la corona e imperio españoles. Cuando se produjo la muerte de Carlos II, Luis XIV respaldó el testamento. El 12 de noviembre de 1700, Luis XIV hizo pública la aceptación de la herencia en una carta destinada a la reina viuda de España en la que decía:

    "Nuestro pensamiento se aplicará cada día a restablecer, por una paz inviolable, la monarquía de España al más alto grado de gloria que haya alcanzado jamás. Aceptamos en favor de nuestro nieto el duque d'Anjou el testamento del difunto rey católico".

    Felipe V ocupa el trono

    Felipe V de España.
    Felipe V de España.

    Todos los soberanos de Europa (menos el emperador Leopoldo) reconocieron, quizá con reticencias, a Felipe de Anjou como heredero, el cual se dispuso a hacer uso de sus derechos y tras ser sabiamente aleccionado por su abuelo se despidió de la corte francesa y entró en España cruzando el Bidasoa por Fuenterrabía y llegando a Madrid el 18 de febrero de 1701. El pueblo madrileño, hastiado del largo y agónico reinado de Carlos II lo recibió con una alegría delirante y con esperanzas de renovación. Los primeros meses de adaptación en la austera, mediocre e intrigante corte española fueron difíciles para este joven de 17 años acostumbrado a Versalles.

    Sin embargo, la precipitación y prepotencia de Luis XIV hicieron cambiar la situación. Por un lado, al poco de la jura de Felipe V (febrero de 1701), Luis XIV hizo saber que mantenía los derechos sucesorios de su nieto a la corona de Francia. Por otro, tropas francesas comenzaron a establecerse en las plazas fuertes de los Países Bajos españoles, con el consentimiento y colaboración de las débiles fuerzas españolas que las ocupaban.

    Esta ayuda, que en realidad era un reforzamiento de posiciones, constituía una provocación, y el resto de potencias reaccionaron. Holanda e Inglaterra se aproximaron al emperador Leopoldo y se comprometieron a otorgar la sucesión de España al Archiduque Carlos. En septiembre de 1701 se formó una coalición internacional mediante la firma de un tratado en La Haya. Esta coalición, llamada la Gran Alianza, estaba formada por Austria, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, y declaró la guerra a Francia y España en junio de 1702. Portugal se unió a la alianza en mayo de 1703.

    La guerra se inició al principio en las fronteras de Francia con estos países, y posteriormente en la propia España, donde se trató de una guerra europea en el interior de España sumada a una auténtica guerra civil, fundamentalmente entre la Corona de Aragón (partidaria del Archiduque, el cual había ofrecido garantías de mantener el sistema federal y foral), y Castilla (que había aceptado a Felipe V, cuya mentalidad era la del estado moderno al modelo francés).

    Retrato del Archiduque Carlos, ya como emperador Carlos VI de Alemania (posterior a la Guerra de Sucesión).
    Retrato del Archiduque Carlos, ya como emperador Carlos VI de Alemania (posterior a la Guerra de Sucesión).

    El 4 de mayo de 1704 el Archiduque Carlos desembarcó en Lisboa contando con el favor del rey Pedro II de Portugal. La causa "carlista" (como fue llamándose, aunque no esta relacionada con las Guerras Carlistas) iba ganando adeptos. El rey Pedro II llegó a publicar un manifiesto en el que se calificaba a Felipe V de Borbón como usurpador y tirano. El Archiduque efectuó un intento de invasión por el valle del Tajo, en Extremadura, con un ejército anglo-holandés que fue rechazado por el ya considerable ejército real de 40.000 hombres que ya operaba a las órdenes del rey desde marzo y que posteriormente recibiría refuerzos franceses y además el mando del duque de Berwick, un general brillante de origen inglés. Un segundo intento anglo-portugués tratando de tomar Ciudad Rodrigo fue también rechazado.

    Por su parte los ingleses, nación que había apostado por el dominio de los mares desde hacía mucho tiempo, en realidad deseaban el desgaste de los dos contendientes, el reparto de los dominios españoles y obtener los máximos beneficios. Ambicionaban los puntos estratégicos para su comercio marítimo. En 1704, sir George Rooke y el Príncipe de Darmstadt intentaron apoderarse de Barcelona, empresa que se convirtió en fracaso debido a que las instituciones catalanas no se sumaron a la causa austriaca. Sin embargo, de regreso, la flota consiguió tomar Gibraltar, la cual estaba defendida sólo por 500 hombres, la mayoría milicianos, al mando de don Diego de Salinas. Gibraltar se rindió honrosamente al príncipe de Darmstadt tras dos días de lucha; es decir, se rindió a tropas bajo la bandera de un rey teóricamente español, Carlos III de Habsburgo. Sin embargo el pabellón que se izó finalmente en las murallas fue un pabellón inglés. Esto fue un logro personal posterior de Rooke, e inglés sigue siendo el pabellón hasta la actualidad.

    En este estado de cosas se produjo en el escenario europeo la batalla de Blenheim, en Baviera. Una gran derrota para Luis XIV en la que perdió 40.000 hombres con importantes consecuencias militares y morales para la causa borbónica.

    El Archiduque Carlos en Barcelona y Madrid

    Esta victoria aliada supuso una inyección de moral para la causa del archiduque en la península, la cual ganaba partidarios, y la misma flota que había tomado Gibraltar trasladó al Archiduque Carlos a los territorios de la Corona de Aragón y finalmente a Barcelona. Fue recibido triunfalmente a su paso por Altea y Denia.

    En Cataluña la actitud de la población le era favorable por varios motivos: por un lado el mal recuerdo que tenían los catalanes de los franceses desde la rebelión de 1648 y el recuerdo de la magnanimidad del comportamiento posterior de Felipe IV. Por otro la intuición de que los Austrias siempre habían respetado en sus imperios las autonomías locales (intuición que se vio confirmada posteriormente con el Pacto de Génova firmado en junio de 1705 (texto completo en Wikisource)), actitud diametralmente opuesta al centralismo borbónico, y en tercer lugar las consecuencias económicas negativas de la Paz de los Pirineos, que serían revertidas de cerrarse esta vía favorable a la competencia francesa.

    El virrey de Felipe V en Cataluña, Fernández de Velasco estaba enfrentado a la Generalitat y realizaba pocos esfuerzos por disimular sus intención de establecer una política centralista. A mediados de 1705 se desencadenó la rebelión popular.

    Mientras tanto en Lisboa desembarcaba un nuevo contingente angloholandés a las órdenes del conde de Peterborough. Se celebró entonces una reunión, con asistencia del Archiduque Carlos de Austria y del rey Pedro de Portugal en la que se acordó apostar por la unión de los reinos de la antigua Corona de Aragón (Valencia, Aragón y condados catalanes) a la causa del archiduque. Un plenipotenciario de la reina Ana de Inglaterra, Mitford Crow, firmaba con dos enviados catalanes el Pacto de Génova, a favor del Archiduque. Por medio de este pacto, los ingleses se comprometían a garantizar el sistema foral catalán fuera cual fuese el final de la contienda (este pacto debería haber sido tenido en cuenta en las negociaciones, ocho años más tarde, del Tratado de Utrecht; sin embargo, la actitud inglesa fue mucho más ambivalente y no se incluyó ninguna garantía efectiva de la preservación de dichos fueros, por lo que, al final del conflicto, los fueros catalanes serían suprimidos como ya lo habían sido los de Valencia y los de Aragón). Además el negociador inglés se comprometía a desembarcar en Cataluña 8.000 soldados.

    El 25 de agosto de 1705, transportadas por una escuadra anglo-holandesa de 160 barcos, tropas aliadas (cerca de 20.000 hombres), desembarcaron cerca de Barcelona. Antes habían efectuado intentos fracasados de desembarco en Cádiz y en Murcia. La aparición de la escuadra en Denia (8 de agosto) había provocado la entrega clamorosa de la ciudad y su paso por Valencia (22 de agosto) encendió también en ella la rebelión. Ya desembarcadas en las inmediaciones de Barcelona, un golpe de mano afortunado puso en sus manos la fortaleza del Montjuïc y los realistas capitularon el 8 de octubre, abandonando la ciudad que prácticamente se había unido en su oposición a la política intransigente del virrey Velasco. Al día siguiente, el Archiduque Carlos de Austria, con el título de Carlos III de España, que se atribuiría durante casi diez años, estableció su capital en Barcelona. Un mes más tarde la nobleza, las corporaciones y los representantes populares de Cataluña juraban por el rey Carlos III. Valencia se declaró por Carlos III el 16 de diciembre. A finales de año, en Cataluña y Valencia sólo Alicante y Rosas permanecían fieles a Felipe V.

    En febrero de 1706, Felipe V partió de Madrid dejando casi desguarnecido el frente portugués. Se reunió en Caspe con el mariscal francés Tessé, y con un ejército de 30.000 hombres sitió Barcelona por tierra y por mar (escuadra del conde de Tolosa), llegando a reconquistar el Montjuïc, pero apareció en el puerto una fuerte escuadra anglo-holandesa mientras que, al mismo tiempo, un ejército anglo-portugués tomaba Badajoz y Plasencia y avanzaba sobre Madrid por los valles del Duero y del Tajo. En un comportamiento según unos autores demasiado prudente, y según otros, militarmente acertado, los borbónicos suspendieron el asedio a Barcelona y se retiraron hacia Madrid por el sur de Francia y la ruta Irún-Burgos. En mayo los aliados habían tomado Ciudad Rodrigo y Salamanca. Esto forzó al rey y a la reina a abandonar Madrid y trasladarse a Burgos con la corte. El almirante de la escuadra borbónica, marqués de Santacruz se pasaba al bando austriaco. Zaragoza proclamaba a Carlos III, quedando en Aragón sólo Tarazona y Jaca leales a la causa borbónica. Carlos III dejó Barcelona y, por Zaragoza llegó a Madrid, donde entró con un ejército extranjero siendo recibido y fue proclamado allí el 29 de junio con una frialdad que sorprendió al propio Carlos.

    En el resto de frentes europeos y americanos las noticias eran igualmente desastrosas para la causa borbónica. Los borbónicos perdían Ramillies, y 15.000 soldados hechos prisioneros, con lo cual el ya duque de Marlborough tomaba casi todos los Países Bajos españoles, incluyendo Bruselas, Brujas, Lovaina, Ostende, Gante y Malinas. En Italia se levantaba el asedio a Turín (la capital de Saboya), lo cual permitía al duque de Saboya tomar Milán y Eugenio de Saboya conquistaba para el Archiduque Carlos el reino de Nápoles.

    El propio Luis XIV aconsejaba a su nieto abandonar. Sin embargo, la simpatía que Felipe V despertaba en la población castellana y extremeña hizo que se levantasen nuevos ejércitos de voluntarios, a los que se sumó un cuerpo expedicionario enviado por Luis XIV bajo el mando del duque de Berwick. Un ejército dispuesto a sufrir privaciones y a vencer que expulsaría a los aliados de Castilla casi sin combates. Eso, sumado a una sublevación en Madrid que estaba en ciernes incitó al Archiduque Carlos y su ejército a abandonar Madrid y replegarse hacia Valencia. Felipe V volvió a entrar en Madrid el 4 de octubre ante el clamor popular. Mientras Felipe entraba en Madrid, el duque de Berwick junto con el obispo Belluga, ("cuerpos francos" precursores de las guerrillas) reconquistaban Elche, Orihuela y Cartagena capturando 12.000 prisioneros.

    Almansa y acontecimientos posteriores. Ruptura con Luis XIV

    Batalla de Almansa.
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    Batalla de Almansa.

    En la primavera de 1707 un ejército aliado anglo-portugués-holandés presentó batalla al ejército borbónico en la llanura de Almansa sin conocimiento de los importantes refuerzos que éste había recibido. La victoria borbónica fue aplastante. El ejército aliado se retiró y el ejército borbónico avanzó tomando Valencia, recuperando Alcoy y Denia (8 de mayo) y Zaragoza (26 de mayo), y posteriormente Lérida, tomada por asalto el 14 de octubre (de recuerdo particularmente ingrato es el episodio de la toma y posterior incendio de Játiva, la cual había resistido hasta el 20 de junio).

    Las consecuencias políticas de esta batalla fueron contundentes. Animado por su abuelo Luis XIV y escarmentado por los resultados de su política de compromiso previa, Felipe V encargó a un trío de consejeros los primeros pasos del establecimiento de una reforma unificadora de la Corona española. Se abolieron los fueros de Valencia y Aragón, y esto se efectuó mediante los Decretos de Nueva Planta. En Cataluña, la enconada resistencia de la plaza de Lérida le granjeó represalias particularmente humillantes que posteriormente pesarían en el ánimo de los catalanes de otras zonas; la catedral fue convertida en cuartel de la guarnición.

    A pesar del envío de un ejército por el hermano del Archiduque Carlos, posteriormente cayeron también Tortosa (julio de 1708) y Alicante (abril 1709).

    Esta euforia duró poco. Los triunfos terrestres de la casa de Borbón eran contrarrestados por los triunfos marítimos debidos a la superioridad naval anglo-holandesa. En ese mismo año, 1708 se perdió la plaza de Orán y las islas de Cerdeña y Menorca.

    Además, a Luis XIV la guerra en Europa le iba mal y sus enemigos le habían puesto al borde del colapso militar. Había enviado una expedición desastrosa con la intención de restaurar a los Estuardo en Escocia. En Oudenarde había sufrido una derrota aplastante y había perdido la ciudad de Lille. A eso había que sumar las pérdidas italianas que habían concluido con la invasión de los Estados Pontificios por los austriacos y el reconocimiento del Archiduque Carlos de Austria por el papa Clemente XI. Su ejército estaba exhausto. Comenzó a pactar una paz con los aliados, pero las negociaciones fracasaron ya que los aliados pedían la renuncia de Felipe V al trono de Francia, renuncia que Luis XIV se negaba a pedir a su nieto.

    Luis XIV dejó de enviar tropas desde Francia y además por entonces, la princesa de los Ursinos destapó una conjura entre los duques de Orleans y Borgoña para arrebatar el trono a Felipe V. Felipe V, de acuerdo con la reina "saboyana", reaccionó frente a Luis XIV, haciendo jurar a su heredero y recabando independencia total para regir España.

    "Tiempo hace que estoy resuelto y nada hay en el mundo que pueda hacerme variar. Ya que Dios ciñó mis sienes con la Corona de España, la conservaré y la defenderé mientras me quede en las venas una gota de sangre; es un deber que me imponen mi conciencia, mi honor y el amor que a mis súbditos profeso."

    Felipe V exigió a su abuelo la destitución de su embajador en España, y también rompió con el papado que había reconocido de nuevo al Archiduque Carlos de Austria, clausurando el Tribunal de la Rota y expulsando al nuncio en Madrid.

    Últimas campañas y la Paz de Utrecht

    En 1711 murió el emperador José I, y su sucesor era el propio Archiduque Carlos. Tres días antes había muerto el Delfín de Francia, padre de Felipe V, lo que colocaba a éste en una posición más cercana a la sucesión de Luis XIV (aún tenía delante a su hermano mayor, el duque de Borgoña y al siguiente hermano, un niño débil a quien todos auguraban una muerte temprana, llamado Luis, en este momento duque de Anjou al dejar el ducado vacante su hermano Felipe y que finalmente sería quien reinaría como Luis XV). Estos decesos dieron un giro a la situación. La posible unión de España con Austria en la persona del Archiduque podía ser más peligrosa que la unión España-Francia; suponía la reaparición del bloque hispano-alemán que tan perjudicial había sido a los otros países en los tiempos del emperador Carlos V. Los demás estados europeos, y sobre todo, Inglaterra, aceleraron las negociaciones de cara a una posible paz cuanto antes, ahora que la situación les era conveniente, y comenzaron a ver las ventajas de reconocer Felipe V como rey español. Para su suerte, Francia estaba exhausta, lo que la hacía más proclive a las negociaciones. El pacto de Luis XIV con Inglaterra se produjo en secreto. Inglaterra se comprometía a reconocer a Felipe V a cambio de conservar Gibraltar y Menorca y ventajas comerciales en Hispanoamérica. Las conversaciones formales se abrieron en Utrecht en enero de 1712 sin que España fuese invitada a las mismas en este momento.

    En febrero de 1712 moría el duque de Borgoña, quedando sólo Luis, al cual todos consideraban como incapaz. Luis XIV deseaba nombrar regente a su hijo Felipe, pero los ingleses pusieron como condición indispensable para la paz que las dos coronas, (España y Francia) quedaran separadas. El que ocupara uno de los reinos debía forzosamente renunciar al otro.

    En España por aquellos días se produjeron escaramuzas sin importancia, aunque se reafirmó el apoyo de Barcelona a Isabel Cristina, la esposa de Carlos (Carlos VI, emperador de Alemania) que se había quedado en la ciudad al irse su marido. En el escenario europeo se produjo el 24 de julio la derrota del príncipe Eugenio de Saboya en Denain lo que permite a los franceses recuperar varias plazas.

    Finalmente Felipe V hizo pública su decisión. El 9 de noviembre de 1712 pronuncia ante las cortes su renuncia a sus derechos al trono francés (mientras los otros príncipes franceses hacían lo mismo respecto al español ante el parlamento de París) lo cual eliminaba el último punto que obstaculizaba la paz.

    España acordó paz y amistad con Inglaterra el 27 de marzo de 1713. El 11 de abril se firmó la Paz de Utrecht, que tuvo como consecuencia la tan temida partición que Carlos II había querido evitar. Los Países Bajos católicos, el reino de Nápoles, Cerdeña y el ducado de Milán quedaron en manos del ahora ya emperador Carlos VI de Alemania. El duque de Saboya se anexionó la corona de Sicilia. Inglaterra se quedó con Menorca y Gibraltar y, a costa de Francia, Terranova y la Acadia, la isla de San Cristóbal, en las Antillas y los territorios de la bahía de Hudson. A eso hay que sumar sus privilegios en el mercado de esclavos, mediante el tratado de asiento. El 10 de julio España confirmaba la Paz de Utrecht.

    Austria se había quedado fuera de esta paz, ya que Carlos VI no renunciaba al trono español, y la emperatriz austriaca seguía en Barcelona. Tampoco hizo la paz España con Portugal ni con Holanda por otros motivos pero, apartada Inglaterra del conflicto, la paz europea vendría en breve. Las cesiones españolas al imperio alemán no se harían efectivas hasta que Carlos VI no renunciase a sus pretensiones.

    Una segunda paz entre franceses y alemanes se firmaría en Ratstadt el 6 de mayo de 1714.

    Al intentar hacer un balance de vencedores y vencidos en el momento del tratado de Utrecht es un poco difícil hablar en términos absolutos. Inglaterra puede considerarse vencedora ya que se hizo con estratégicas posesiones coloniales y puertos marítimos que fueron la base de su supremacía futura y del imperio británico. El ducado de Saboya recibió ampliaciones que lo transformaron en el Piamonte. El electorado de Brandemburgo recibiría ampliaciones que lo transformarían en Prusia. El lote italiano del imperio hispánico pasó a manos de Carlos VI.

    Es de reseñar también la pérdida de Orán y Mers el-Kebiren 1708 a manos del Imperio Otomano, consecuencia indirecta de la Guerra al no poder trasladarse tropas de refuerzo a esta ciudad por estar combatiendo en Europa.

    Aislamiento y capitulación de Cataluña y Mallorca

    Asalto de las tropas de Felipe V a la ciudad de Barcelona, 1714
    Asalto de las tropas de Felipe V a la ciudad de Barcelona, 1714

    La repentina muerte de su hermano había convertido por línea hereditaria al Archiduque Carlos en el emperador Carlos VI de Alemania en septiembre de 1711. Esto le obligó a trasladarse a Fráncfort para tomar posesión del trono del Sacro Imperio Romano-Germánico, y en consecuencia abandonar Cataluña, si bien dejó como regente a su mujer, la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick. Cataluña seguía vinculada a Carlos VI por el Pacto de Génova, y esperaba que sus libertades fuesen preservadas, ya fuera mediante la conservación del Principado catalán unido al Imperio alemán o por las negociaciones del emperador en Utrecht. Sin embargo la suerte de Cataluña ya estaba decidida en los preliminares del Tratado de Utrecht, entre los que figuraba un acuerdo secreto por el que los austriacos evacuarían el principado. De esto no se informó a los representantes del gobierno catalán, a los que la emperatriz les garantizó en repetidas reuniones la conservación de la legislación catalana.

    Castillo de Cardona, último reducto de la resistencia catalana a Felipe V
    Castillo de Cardona, último reducto de la resistencia catalana a Felipe V

    Inglaterra pidió a Felipe V que conservase los fueros, al lo cual éste se negó, aunque prometió una amnistía general. Los ingleses no insistieron, ya que tenían prisa por que se firmase el tratado y disfrutar de las enormes ventajas que les proporcionaba. Al conocer este acuerdo, Austria accedió secretamente a un armisticio en Italia y confirmó el convenio sobre la evacuación de sus tropas en Cataluña.

    Finalmente la emperatriz también se embarcó en marzo de 1713, oficialmente para "asegurar la sucesión" del trono alemán, quedando como virrey el príncipe Starhemberg, en realidad con la única misión de negociar una capitulación en las mejores condiciones posibles, pero ni siquiera esto fue posible ya que Felipe V no aceptaba el mantenimiento de los fueros catalanes. Por otra parte, el Tratado de Utrecht únicamente había incluido una cláusula por la que se concedía una amnistía general a los catalanes, pero no les permitía otra legislación que la castellana.

    El gobierno catalán se componía entonces de tres instituciones: El Consejo de Ciento que se encargaba de la ciudad de Barcelona, la Diputación General o Generalitat, de atribuciones sobre todo tributarias, y la Junta de Brazos, formada por componentes de los tres estamentos clásicos y que en realidad coincidía con la Generalitat.

    El 22 de junio, el príncipe Starhemberg comunicó a los catalanes que había llegado a un acuerdo político con el virrey borbónico en Hospitalet, cuando en realidad lo que había hecho era entregar a los borbónicos Tarragona incondicionalmente. Tras ello, se embarcó secretamente junto con sus soldados dejando el principado a su suerte.

    En Barcelona se formó la Junta de Brazos de las Cortes, de componente fundamentalmente popular, la cual decidió una defensa numantina. Mientras tanto el virrey borbónico, el duque de Pópoli sometía las ciudades circundantes y terminó pidiendo la rendición de la propia Barcelona, a lo que ésta se negó. Entonces Pópoli inició un bloqueo marítimo, no demasiado eficaz, ya que era burlado por Mallorca, Cerdeña e Italia. En los siguientes meses se produjeron levantamientos en el campo que fueron rápidamente sofocados. En eso se produjo la paz de Rastadt de la que ya hemos hablado, lo cual suponía el abandono definitivo de Carlos VI, pero eso no lo supieron los catalanes hasta más tarde.

    Felipe V, tras superar la muerte de su mujer, volvió a negociar con los catalanes, los cuales le exigieron ingenuamente (desconocedores de los términos de Rastadt), la conservación de los fueros y 3.000.000 libras en compensación por daños de guerra. La ciudad había sido asediada por un ejército de 40.000 hombres y 140 cañones, y Felipe V respondió iniciando el bombardeo. El asedio continuó durante dos meses (previamente había sufrido nueve meses de dudoso bloqueo marítimo). El 11 de septiembre de 1.714 el mariscal de Berwick ordenó el asalto y, aunque la defensa de los barceloneses fue heroica, al día siguiente se firmó la capitulación. En la defensa de la ciudad resultó herido el Conseller en cap, Rafael Casanova, en circunstancias heroicas, tremolando la Bandera de Santa Eulalia para enardecer a los defensores. Pudo ocultarse y años después se acogería al perdón real, viviendo en paz hasta su muerte en Sant Boi de Llobregat.

    Se disolvieron la Generalitat y el Consejo de Ciento, siendo sustituidos por una Real Junta Superior de Justicia y Gobierno al frente de la cual se puso a José Patiño, el cual destituyó al día siguiente a los diputados, consellers y miembros de la Junta de Brazos.

    Posteriormente se rindió el Castillo de Cardona, y finalmente, el 3 de julio de 1715, se rindió el último reducto de la casa de Austria, Mallorca, al caballero d'Asfeld que había efectuado un desembarco en Felanitx. La larga guerra de casi catorce años había concluido. España había entrado en ella como un monarquía polisinodial , con grandes posesiones en Europa, y salió de la misma como un estado casi centralizado siguiendo el modelo de Francia y con la pérdida de la casi totalidad de sus dominios europeos.

    Conclusiones

    Existen unos factores personales determinantes de la victoria borbónica: Felipe de Anjou no tenía nada que perder, y por lo tanto se aferraba a la tierra heredada como si se tratase de su propia vida. A eso hay que sumar su corta edad (17 años) cuando ciñó la corona española. Debió de resultar una experiencia arrolladora tanto el cambio cultural como la elevación dignataria, y es posible que esto incidiese en su forma definitiva de reaccionar, esa dualidad melancolía-arrojo temerario. Pero está claro que se entregó en cuerpo y alma a la tarea de asegurar el país cuyo trono la fortuna le había entregado. Si no se hubiese visto obligado a renunciar al trono de Francia es posible que las cosas hubiesen sido diferentes. El archiduque Carlos de Austria tenía opciones al trono imperial de Alemania, por lo que su apego y entrega a la Península Ibérica fue mucho menor. En realidad sus apetencias se demostraron con el tiempo más afines al trono imperial de Alemania.

    También es cierto que la escasa raigambre, en términos de tiempo, de Felipe V con lo que España había sido hasta entonces probablemente influyera en el hecho de aceptar sin demasiadas reticencias las abusivas condiciones de los tratados de Utrecht.

    Para Cataluña la Guerra de Sucesión supuso el fin de su independencia política en favor de un modelo centralista y uniformizador. Decenas de miles de personas se vieron obligadas a exiliarse en Austria a causa de la opresión Borbónica. Asímismo, Cataluña se benefició de un mercado doméstico a corto plazo y posteriormente de un mercado transoceánico con América

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